Cuando el fuego deja de ser noticia
Una reflexión tras Zamora Renace sobre los incendios y la necesidad de prevenir antes de que sea demasiado tarde.
Soy zamorana y he vivido muy de cerca los grandes incendios que han marcado nuestra provincia durante los últimos años. También soy fotógrafa y sentí que la mejor forma que tenía de ayudar era a través de mi cámara. Para ello realicé un proyecto sobre los incendios de 2022 en torno a la Sierra de la Culebra al que llamé “Semillas en cenizas abandonadas”, con el objetivo de recaudar fondos y acompañar, desde la fotografía, a quienes estaban viviendo las consecuencias del incendio. Después seguí volviendo allí para observar y documentar cómo el paisaje intentaba recuperarse.
Posteriormente, en 2025 volvió a haber más incendios, lo que me impulsó a continuar, haciendo una segunda parte de Semillas en cenizas abandonadas, culminando en un libro, “Zamora renace” donde relacioné los incendios con la despoblación, el abandono rural, la situación de la España vaciada y la soledad. Por medio de ese libro también pude recaudar fondos con los que creé un refugio emocional en uno de los pueblos afectados por el incendio de Molezuelas de la Carballeda.
Lo que queda después de las llamas
Las imágenes que hice contaban la historia posterior a la catástrofe, cuando los equipos de extinción, los periodistas y todos los que no viven habitualmente en aquellos lugares ya se habían ido. Pero quedaron los vecinos, obligados a hacer el duelo por su paisaje, por sus recuerdos y por todo aquello que habían perdido. Algunas de esas personas y otros zamoranos fueron retratados en ese paisaje quemado desde un punto de vista que les diera esperanza, no pensando en lo que ya no está, sino en cómo se puede sanar.
Al ver que este 2026 va camino de ser aún peor que 2025 en cuanto a incendios en España, me gustaría que el espíritu de Zamora Renace siguiera caminando y nos recordara que no podemos seguir reaccionando solo cuando el fuego ya lo ha arrasado todo. La riqueza natural que lleva siglos entre nosotros tendría que ser uno de nuestros bienes más preciados.
No escribo esto solo porque estos días los incendios vuelvan a ocupar los titulares. Es una reflexión que llevo haciéndome desde hace años y que ha ido dando forma a mis proyectos fotográficos.
Precisamente mientras preparaba este artículo, Zamora vuelve a quemarse de nuevo. Esta vez le ha tocado a Fermoselle y los Arribes del Duero. El humo, que llegó hasta mi, hacía el aire difícilmente respirable. Ha sido imposible no sentir que este texto ya no hablaba solo del pasado, sino también del presente.
¿Podemos hacer algo antes del próximo incendio?
Hace unas semanas me llamó la atención una iniciativa de un pueblo de Guadalajara, el Recuenco, donde se lleva a cabo un proyecto internacional, desarrollado junto a varias universidades, que ha introducido nueve bisontes europeos para ayudar a limpiar el monte de forma natural y reducir el riesgo de incendios. Este es uno de los distintos proyectos de renaturalización que se están empleando en el Sistema Ibérico Sur para la prevención y que además de ello, crean puestos de trabajo.
Propuestas como esta muestran que existen formas distintas de cuidar el territorio. Pero también recuerdan que ninguna solución funcionará por sí sola, porque la prevención necesita recursos, planificación, coordinación entre administraciones, ciencia y una apuesta real por mantener vivo el mundo rural.
En Zamora, poco a poco, también se van dando pasos. En mi propio pueblo, por ejemplo, se han desbrozado algunos caminos y la Diputación ha colocado en el Ayuntamiento un cartel informativo sobre cómo actuar en caso de incendio forestal. También hay personas que se esfuerzan por mantener limpias sus fincas y reducir así parte de la vegetación que podría favorecer la propagación del fuego.
Son actuaciones pequeñas, pero necesarias. Y también muestran que la prevención no depende únicamente de las grandes decisiones de las administraciones. En cierta medida, también implica el cuidado cotidiano del territorio. Aunque, por supuesto, no todas las personas pueden o quieren asumir estas tareas de la misma manera, y no podemos hacer recaer sobre los particulares una responsabilidad que requiere planificación, recursos y una estrategia común.
¿Y Zamora Renace?
Son actuaciones pequeñas, pero necesarias. Y también muestran que la prevención no depende únicamente de las grandes decisiones de las administraciones. En cierta medida, también implica el cuidado cotidiano del territorio. Aunque, por supuesto, no todas las personas pueden o quieren asumir estas tareas de la misma manera, y no podemos hacer recaer sobre los particulares una responsabilidad que requiere planificación, recursos y una estrategia común.
Testimonio de Jesús Domínguez, ex bombero forestal
«Tras más de dos décadas de lucha constante contra los incendios forestales, lamentablemente tuve que retirarme de una profesión que no era solamente un trabajo: era mi vocación.
Amante de la naturaleza y de todo lo que forma parte de ella, siempre sentí que proteger nuestros montes y nuestro territorio era también una forma de proteger nuestra propia vida y nuestro futuro.
Después de los incendios de 2022, mi percepción de la situación cambió profundamente. Tengo la sensación de que hemos ido a peor. Echo en falta equipos, medios, profesionalidad y, sobre todo, un compromiso real con la protección de nuestros montes y de las personas que trabajan para defenderlos.
Lo más doloroso es comprobar cómo se pierde poco a poco el interés por nuestro territorio, por nuestros recursos naturales y por quienes viven y trabajan en él.
Después de tantos años dedicados a esta profesión, resulta difícil aceptar que aquello por lo que luchamos pueda quedar relegado a un segundo plano.
Me retiré de mi vocación, pero no de mi preocupación por nuestros montes.
Y quizá esa sea una de las mayores heridas que dejan los incendios: no solamente arrasan el paisaje. También pueden llevarse parte de la ilusión, de la identidad y del futuro de quienes han dedicado su vida a protegerlo.
La gente sabia dice que debemos vivir como un lobo, porque el lobo conserva los valores que el ser humano está olvidando.»
Opinión de Hezsa, terapeuta holística
Donde todavía hay esperanza
El bombero Ángel Malanda Lafuente que ha estado luchando contra el fuego en Ávila estos días y cuya carta con su testimonio y reflexiones se ha hecho viral, decía en una entrevista que le hicieron por televisión que sólo con ver un árbol verde ya le devolvía la esperanza. Cuando escuché esas palabras me acordé inmediatamente en una de las fotografías de Semillas en cenizas abandonadas:
Tal vez renacer empiece precisamente ahí, en aprender a cuidar esos pequeños signos de vida antes de que también desaparezcan. Porque proteger un árbol, un bosque o un pueblo nunca empieza cuando llega el fuego, sino mucho antes. Y quizá también empiece cuando decidimos no olvidar lo ocurrido una vez que las llamas se apagan.
